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 En la sauna  Nos vimos en la puerta de la sauna. Él sonreía, esos ojillos achinados brillando de hambre, y el deseo me subió de golpe. —Venga, te invito. —Gracias, tío. Nos dio la llave y las chanclas. Dentro, frente a las taquillas, nos miramos otra vez. Esa sonrisa me volvía loco. Me agarró por la nuca y me besó con lengua, húmedo, profundo, chupándome la boca como si quisiera comérmela. Nuestros labios se enredaron, saliva compartida, gemidos bajos. Nos desnudamos rápido. Cuando me quité el slip, antes de cubrirme, él se agachó, agarró mi polla y se la metió entera. Chupaba hondo, baboso, succionando con ganas. Le hundí los dedos en el pelo largo y empujé más profundo mientras él me miraba con esos ojillos achinados llenos de morbo. —Te voy a meter una follada… —le dije, voz ronca. —Eso espero —contestó y volvió a engullirla. Lo empujé al banco. Le abrí las piernas, le chupé la polla gruesa mientras le metía dos dedos por el culo caliente y apretado. Él jadeaba, emp...

No venía solo

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  No venía solo Quedé por Wapo con un tío que me invitó a su casa a tomar algo. Sin embargo, al cruzar la puerta me encontré con tres hombres esperándome. Me senté en el sofá, intentando asimilar la situación, cuando uno de ellos se acercó sin demora y me susurró al oído:  —Qué bien hueles… Un escalofrío me recorrió entero. Casi al instante, otro se colocó a mi otro lado, deslizando la mano por mi muslo hasta alcanzar mi paquete y apretarlo con firmeza. —Vaya, ya estás duro —dijo con una sonrisa picante. El ambiente se encendió aún más mientras encendían un porro y se lo pasaban. No tardaron en despojarme de la ropa. Uno de ellos se arrodilló entre mis piernas y me tomó en su boca, devorándome despacio. Luego se incorporó, me miró a los ojos y me murmuró:  —¿De verdad eres un chico sumiso?  —Sí… —afirmé, apenas con un hilo de voz. Me pusieron a cuatro patas. Una lengua caliente empezó a recorrer mi ojete, lamiendo y presionando sin prisa. Poco después, uno tras otro ...