En la sauna 


Nos vimos en la puerta de la sauna. Él sonreía, esos ojillos achinados brillando de hambre, y el deseo me subió de golpe.

—Venga, te invito.
—Gracias, tío.

Nos dio la llave y las chanclas. Dentro, frente a las taquillas, nos miramos otra vez. Esa sonrisa me volvía loco. Me agarró por la nuca y me besó con lengua, húmedo, profundo, chupándome la boca como si quisiera comérmela. Nuestros labios se enredaron, saliva compartida, gemidos bajos.

Nos desnudamos rápido. Cuando me quité el slip, antes de cubrirme, él se agachó, agarró mi polla y se la metió entera. Chupaba hondo, baboso, succionando con ganas. Le hundí los dedos en el pelo largo y empujé más profundo mientras él me miraba con esos ojillos achinados llenos de morbo.

—Te voy a meter una follada… —le dije, voz ronca.
—Eso espero —contestó y volvió a engullirla.

Lo empujé al banco. Le abrí las piernas, le chupé la polla gruesa mientras le metía dos dedos por el culo caliente y apretado. Él jadeaba, empujando hacia atrás. Cuando lo tuve bien abierto se giró solo, de rodillas, culo hacia mí, separando las piernas. Me escupí en la mano, me unté y apoyé la punta en su agujero, rozándolo sin entrar, sintiendo cómo se contraía. Él miró hacia atrás, respiración entrecortada, pidiendo con la mirada que lo taladrara.


 

Comentarios

Entradas populares de este blog

No venía solo